El Banco Central del Paraguay (BCP) no quiere desaprovechar los vientos favorables - altos niveles de crecimiento, sólidos fundamentos macroeconómicos y buenas proyecciones -para blindar al sistema financiero contra futuras crisis. Ayer el Directorio de la banca matriz aprobó tres resoluciones que apuntan justamente a este objetivo.
En términos prácticos, lo que el BCP argumenta es que tarde o temprano llegarán tiempos difíciles y que es su obligación preparar al sistema financiero para ello. Además, incrementar las exigencias en términos de regulación financiera significa no repetir los mismos errores del “primer mundo”, donde la falta de una regulación adecuada terminó por desatar la peor crisis económica desde la Gran Depresión de 1929.
La primera medida resuelta se trata del incremento del capital mínimo con el que deben contar los bancos y financieras para operar en plaza local. Se decidió que el capital mínimo de los bancos pase de 25.000 millones de guaraníes a 40.000 millones.
Asimismo, la exigencia para las empresas financieras en este punto pasó de 14.000 millones de guaraníes a 20.000 millones. Para ese efecto, las intermediarias deberán aportar anualmente el 20% de la diferencia existente entre el capital integrado y el requisito de capital mínimo a partir del 31 de diciembre del 2011, con un plazo de 5 años para completar la capitalización.
MAYOR SOLVENCIA.
Con esto lo que se apunta es, primero, a que las entidades tengan mayor solvencia y segundo, evitar que ingresen al mercado financiero nuevos agentes que puedan generar riesgos, como pasó durante las décadas de los 80 y 90 donde se abrieron más de 70 financieras y muchos otros bancos, que finalmente cayeron uno tras otro, como castillo de naipes.
“El capital de las entidades financieras constituye uno de los pilares de la estabilidad mediante una fuente de financiación más estable en el negocio de intermediación financiera, que compromete la mejor gestión de riesgo de la administración de las entidades, favoreciendo a su vez el interés de depositantes”, agregó al respecto Benigno López, miembro del directorio.
MOROSIDAD.
Por otro lado, decidió acortar de 60 a 30 los días de atraso que puede tener un crédito antes de ser considerado moroso y perder su categoría. De hecho, antes de 1996, regían los 30 días. La tercera resolución tiene que ver con los niveles de previsionamiento (garantías) que deben tener las entidades sobre créditos dudosos, lo cual también fue incrementado para impulsar un proceso de mejoramiento en materia de gestión de riesgo crediticio; esta medida entra ya en vigencia desde el 1 de enero próximo.
Negociación llegó a buen puerto.
En principio, cuando el Banco Central lanzó su proyecto de fortalecimiento del sector financiero, algunas de las propuestas como los niveles de capital mínimo y los plazos para su adecuación generaron ronchas en algunos ejecutivos.
Los empresarios acudieron hasta las autoridades monetarias para exponer sus argumentos y finalmente consiguieron reglas más flexibles para acompañar la propuesta.
Por ejemplo, lograron reducir hasta G. 10 mil millones el capital mínimo inicialmente propuesto y ampliar de 2 a 5 años, la capitalización.
Finalmente, ambos sectores salieron satisfechos porque para el BCP lo más relevante era aumentar las provisiones, lo cual concretó; y para las financieras, aumentar los plazos, lo cual también lograron.